Nos asignan una habitación privada para cuatro, con una mesa de madera, bancos, una tele plana y unas vistas alucinantes, como las que se veían en el karaoke de Lost in translation.

La mecánica es simple. Tienes un aparato sin cables donde tecleas el nombre del cantante y te salen listas de canciones.

Eliges una y aparece en la tele un vídeo con sólo la sintonía y las letras. Cantar es difícil pero si encima sólo tienes la melodía ya es lo peor. No puedes cortar la canción a no ser que apagues el aparato (el Vogue de Madonna se almacenó tres veces y nos volvió locos) y a veces son tela de largas. Así que en hora y media que estuvimos nosotros sólo pudimos entre que no sabíamos cómo funcionaba, las risas, comer y beber, unas diez canciones.

Aquí haciendo el ridi.

Jose, a lo Jim Morrison.

El dueto de hermanos emulando a Pharrell.

Al cachondeo!

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