Con lo que no contábamos era con una procesión que, a duras penas, se mete por la estrecha calle (con cientos de personas). Son porteadores que van cantando a medida que avanzan por las calles. En cada barrio hay alguno de estos desfiles. Los japoneses pasan, pero a nosotros nos llaman mucho la atención. Es como una procesión de costaleros en España pero en plan cachondeo. Los japoneses no se cortan y miran a la cámara haciendo gestos de coña.
Para rematar, al pasar a nuestro lado enganchan a mi hermano y se lo llevan. Será porque es el tío más grande de toda la calle, lo exótico. Durante varios metros ayuda al resto de porteadores como uno más. Lo jodido es que él es mucho más alto y casi se le parte la espalda por la mitad. Eso sí, nos reímos a gusto.

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